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Del fondo del océano a la historia: recuperan el cable que inició la era digital

El cable submarino TAT-8, considerado un punto de partida de la era digital, fue retirado del océano más de 35 años después de su instalación. Esta infraestructura, que comenzó a operar en 1988, fue el primer cable transatlántico de fibra óptica y permitió conectar continentes con una capacidad de transmisión nunca vista hasta ese momento.

El proyecto fue desarrollado por empresas como AT&T, British Telecom y France Telecom, marcando un salto tecnológico que transformó las comunicaciones globales.

Aunque hoy los cables de fibra óptica se asocian al internet, en su origen fueron diseñados para llamadas telefónicas internacionales.

El TAT-8 no solo transportó señales: también fue testigo de grandes momentos históricos, desde la caída del Muro de Berlín hasta el nacimiento de la web. Sin embargo, el crecimiento acelerado de usuarios hizo que su capacidad quedara superada en apenas 18 meses, impulsando la instalación de nuevas rutas submarinas.

Por qué recuperar el cable TAT-8 del fondo del mar

Décadas después de quedar fuera de servicio por fallas técnicas, surgió la necesidad de retirar el TAT-8.

Hoy existen cerca de 600 cables submarinos activos en el planeta, por lo que limpiar el lecho marino y reciclar infraestructura antigua se ha vuelto una tarea clave.

La operación fue liderada por la empresa Subsea Environmental Services, especializada en el reciclaje de cables.

El buque Maasvliet se encargó de localizar el cable con coordenadas históricas y recuperarlo mediante técnicas que combinan métodos tradicionales y tecnología moderna.

El proceso no es sencillo: el cable se engancha desde el fondo marino con un dispositivo llamado “pez plano”, se eleva a la superficie, se corta y se enrolla manualmente para su almacenamiento.

Los repetidores (componentes que amplificaban la señal), deben retirarse por separado debido a su peso, que puede superar los 400 kilos.

Según estudios del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido, estas extracciones no generan impactos ambientales significativos, ya que la mayoría de los cables no atraviesa ecosistemas sensibles.

El material recuperado mantiene valor industrial incluso después de décadas bajo el mar.

Empresas como Mertech Marine procesan el acero y el cobre para reutilizarlos, mientras que el polietileno se transforma en pellets plásticos. La fibra óptica, en cambio, tiene poco valor de reciclaje.

Con la creciente demanda global de cobre, la recuperación de cables antiguos no solo ayuda a ordenar el océano, sino que convierte a estas infraestructuras históricas en recursos estratégicos del presente.

Con información de Infobae.

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