Mujeres

Una “carta de amor” que se vuelve cine: así honra Iris Esmeralda Martínez a su abuela

Iris Esmeralda Martínez encontró en el cine una forma de acercarse a alguien que no pudo conocer: su abuela. Su primer documental, Francisca, ká di neki (Francisca, te quiero), nace como una “carta de amor” y se convierte en un homenaje profundo a su historia familiar y a la cultura hñätho.

La directora, egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica, ha trabajado principalmente como cinefotógrafa. Sin embargo, este proyecto marca un giro personal: ahora decide contar su propia historia.

Su abuela, originaria de Rincón de Guadalupe, en Amanalco, falleció joven, alrededor de los 45 años. Esa ausencia despertó en la realizadora una inquietud: saber cómo vivió, quién fue y por qué su legado no llegó completo a las nuevas generaciones.

Iris Esmeralda Martínez y la recuperación de una identidad

El documental no solo busca reconstruir una historia familiar, también recuperar una cultura que, en muchos casos, fue silenciada.

La lengua hñätho, variante del otomí, dejó de transmitirse en su familia debido a la discriminación que enfrentaron generaciones pasadas. Aunque conservan algunas palabras, el idioma no se habla.

Ante esto, Iris Esmeralda Martínez decidió incorporar ese aprendizaje en su obra. Su intención es que el documental tenga elementos bilingües, integrando lo poco que ha podido aprender de esta lengua, que hoy cuenta con pocos hablantes.

Una despedida íntima que trasciende la pantalla

La narrativa del documental parte de una idea sencilla pero poderosa: una niña que quiere conocer a su abuela.

A partir de ahí, la directora explora recuerdos familiares, testimonios de su comunidad y relatos de cronistas locales.

La filmación comenzará en Rincón de Guadalupe y tendrá una duración estimada de entre 15 y 20 minutos.

Por primera vez, Iris dejará la cámara para colocarse frente a ella junto a su familia.

Más que un documental, este proyecto es un acto emocional. La directora describe que, en ocasiones, siente que le habla a su abuela a través del viento, la tierra o la lluvia.

Seleccionado por el Imcine, este trabajo representa no solo un debut, sino una declaración: contar historias también puede ser una forma de sanar, recordar y resistir.

Con información de La Jornada.

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