Mujeres

Minnette de Silva, la arquitecta que redefinió el modernismo desde Sri Lanka

La primera mujer arquitecta de Sri Lanka y la primera asiática en convertirse en asociada del RIBA construyó una visión donde la arquitectura moderna dialogaba con la identidad local décadas antes de que ese enfoque se popularizara. Su legado comienza a recibir el reconocimiento que durante años le fue negado.

Durante gran parte del siglo XX, la historia de la arquitectura moderna se escribió alrededor de nombres masculinos. Sin embargo, mientras Europa consolidaba nuevas corrientes de diseño, una joven arquitecta en Sri Lanka desarrollaba una propuesta que combinaba modernidad, tradición y sostenibilidad mucho antes de que estos conceptos dominaran el debate arquitectónico.

Esa mujer fue Minnette de Silva, considerada la primera arquitecta de Sri Lanka y la primera asiática en convertirse en asociada del Royal Institute of British Architects (RIBA) en 1948. Su historia, marcada por la innovación y la perseverancia, también refleja las dificultades que enfrentaron muchas creadoras para obtener el reconocimiento que merecían.

Una pionera en una profesión dominada por hombres

Minnette de Silva nació en 1918 en la entonces Ceilán británica. Su formación estuvo marcada por constantes cambios de residencia y dificultades económicas que incluso le impidieron completar sus estudios de manera convencional.

Lejos de abandonar su vocación, comenzó como aprendiz en estudios de arquitectura en Bombay mientras estudiaba por las noches. Fue la única mujer en un grupo de cuarenta estudiantes y, años después, fue expulsada de la escuela de arquitectura por participar en una manifestación del movimiento Quit India, sin aceptar disculparse por ello.

Tras la Segunda Guerra Mundial logró continuar su preparación en la Architectural Association de Londres y, después de aprobar los exámenes especiales del RIBA, regresó a Sri Lanka para fundar su propio estudio, Studio of Modern Architecture, el mismo año en que el país obtuvo su independencia.

Una arquitectura profundamente ligada al lugar

La propuesta de De Silva nunca buscó copiar modelos occidentales.

Su trabajo integraba concreto y materiales modernos con tierra, bambú, textiles tejidos a mano, madera tallada, latón y artesanía local para crear edificios adaptados al clima, a la cultura y a la vida cotidiana de Sri Lanka.

Más que incorporar elementos tradicionales como decoración, los convirtió en parte esencial del proyecto arquitectónico. Además, colaboró con artesanos locales —especialmente mujeres—, fortaleciendo oficios tradicionales a través de la construcción.

Décadas antes de que surgiera el concepto de regionalismo crítico, De Silva ya defendía una arquitectura moderna capaz de responder a las condiciones sociales, económicas y ambientales de los países en desarrollo.

Una influencia que otros hicieron visible

Aunque desarrolló cerca de cuarenta proyectos, buena parte de sus edificios fueron demolidos, modificados o perdieron su documentación con el paso del tiempo.

Paradójicamente, muchas de sus ideas las retomaron arquitectos que sí alcanzaron reconocimiento internacional. Entre ellos figura Geoffrey Bawa, considerado una de las grandes referencias de la arquitectura tropical contemporánea y cuya trayectoria comenzó años después de la de De Silva.

Su visión sobre el uso de materiales locales, la eficiencia energética, la participación comunitaria y el diseño adaptado al contexto anticipó debates que hoy forman parte de la arquitectura sostenible.

El peso del género y la invisibilidad

El reconocimiento profesional tampoco llegó con facilidad.

Su origen mestizo la convirtió en una figura difícil de encajar tanto en Sri Lanka como en Europa. Mientras en Occidente muchas veces se observó desde un enfoque exótico por vestir sari, en su país también enfrentó prejuicios dentro de una profesión controlada por hombres.

Con frecuencia, las publicaciones prestaban más atención a su apariencia o a sus amistades con figuras como Le Corbusier que a la calidad de su obra arquitectónica. El máximo reconocimiento del Instituto de Arquitectos de Sri Lanka llegó apenas dos años antes de su fallecimiento, catorce años después de que esa misma institución distinguiera a Geoffrey Bawa.

Una obra que dialoga con los desafíos actuales

Hoy, cuando la arquitectura busca reducir el impacto ambiental y recuperar materiales locales, las ideas de Minnette de Silva adquieren una nueva relevancia.

Su metodología incorporaba consulta con las comunidades, aprovechamiento de recursos disponibles, reducción de costos y edificios adaptados al entorno mucho antes de que estos principios se integraran al discurso global sobre sostenibilidad.

Más de dos décadas después de su muerte, su legado comienza a ocupar el lugar que durante muchos años permaneció oculto. La historia de Minnette de Silva demuestra que la innovación también puede surgir desde los márgenes y que, en ocasiones, las ideas más adelantadas a su tiempo necesitan décadas para recibir el reconocimiento que merecen.

REDACCIÓN

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