Culturas

Tilla Theus y la arquitectura que transforma el pasado sin convertirlo en un museo

La arquitecta suiza, reconocida con el Prix Meret Oppenheim, defiende una visión donde restaurar no significa conservar intacto, sino reinterpretar los edificios para que sigan formando parte de la vida cotidiana.

Durante más de cinco décadas, la arquitecta suiza Tilla Theus ha demostrado que la arquitectura puede dialogar con la historia sin quedar atrapada en ella. Su trabajo, recientemente reconocido con el Prix Meret Oppenheim, uno de los mayores reconocimientos culturales de Suiza, ha dejado una huella en hoteles, edificios urbanos y proyectos de rehabilitación donde el patrimonio arquitectónico encuentra nuevas formas de habitar el presente.

Más que diseñar edificios, Theus propone comprenderlos. Su filosofía parte de una idea sencilla: toda construcción posee una identidad propia que debe entenderse antes de intervenirla.

Arquitectura que escucha antes de construir

Graduada por la ETH de Zúrich en 1969, Tilla Theus abrió su propio estudio apenas un día después de obtener el título. En una profesión dominada casi exclusivamente por hombres, decidió construir su camino desde la independencia.

En aquellos primeros concursos de arquitectura llamó la atención no solo por ser una joven arquitecta, sino por presentarse con un estilo personal muy alejado de la sobriedad predominante. Esa imagen le valió el apodo de «la pionera de los zapatos rosas», una expresión que terminó simbolizando su determinación para abrirse paso en un entorno poco acostumbrado al liderazgo femenino.

Sin embargo, para Theus el verdadero desafío nunca fue destacar, sino demostrar que una buena arquitectura nace de comprender las necesidades de cada lugar.

Restaurar significa dar una nueva vida

Uno de los proyectos que mejor resume esa filosofía es el Widder Hotel, en Zúrich.

El edificio reúne ocho antiguas casas medievales construidas entre los siglos XI y XV. En lugar de reproducir un lujo historicista basado en arcos, columnas o elementos decorativos propios de otra época, Theus optó por reinterpretar el conjunto desde una mirada contemporánea.

El objetivo consistía en conservar el alma del edificio sin convertirlo en una pieza de museo.

Para la arquitecta, preservar un inmueble no implica congelarlo en el tiempo, sino permitir que continúe siendo útil y habitable para las personas que lo utilizan hoy.

La creatividad también resuelve problemas

Lejos de entender el diseño como un ejercicio puramente estético, Theus sostiene que la arquitectura nace de resolver problemas concretos.

Uno de los episodios que mejor ilustra esa forma de trabajar ocurrió durante la construcción del Widder Hotel.

Una gran viga estructural de concreto presentaba pequeñas burbujas de aire imposibles de aceptar para el nivel de acabado que buscaba. La solución llegó de manera inesperada mientras visitaba al dentista.

La arquitecta imaginó que el mismo procedimiento utilizado para reparar una pieza dental podía aplicarse sobre el concreto. El especialista acudió a la obra con su instrumental y ambos resolvieron el problema mediante un trabajo de precisión poco habitual en la construcción.

La anécdota refleja una constante en su trayectoria: la innovación surge cuando distintas disciplinas encuentran puntos de encuentro.

Contra la arquitectura desechable

Theus también cuestiona una práctica frecuente en muchas ciudades contemporáneas: demoler edificios para construir otros nuevos.

Desde su perspectiva, la sostenibilidad consiste en diseñar espacios capaces de adaptarse con el paso del tiempo.

Una vivienda debería responder a distintas etapas de la vida de quienes la habitan. Lo mismo ocurre con hospitales, oficinas o edificios públicos, cuya flexibilidad permitirá prolongar su utilidad durante décadas.

Para ella, anticipar esos cambios representa una forma mucho más profunda de sostenibilidad que limitarse a incorporar tecnologías eficientes.

Pensar con las manos

En una época dominada por modelos digitales y visualizaciones hiperrealistas, Tilla Theus continúa defendiendo el valor del dibujo y las maquetas físicas.

Afirma que solo al construir modelos tridimensionales es posible comprender realmente las proporciones, la luz y la experiencia espacial que ofrecerá un edificio terminado.

Su postura no rechaza la tecnología, sino que reivindica el contacto directo con los materiales como parte esencial del proceso creativo.

Después de más de cincuenta años de trayectoria, la obra de Tilla Theus demuestra que la arquitectura también puede ser un ejercicio de memoria activa: una disciplina donde conservar el pasado significa darle nuevas posibilidades para seguir formando parte de la vida contemporánea.

REDACCIÓN

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