El futuro político del Sáhara Occidental volvió al centro de la discusión internacional después de que Rusia vetara en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución presentada por Estados Unidos. El proyecto recibió 11 votos favorables, pero no fue aprobado debido al voto negativo de Moscú, miembro permanente del organismo.
La propuesta estadounidense buscaba modificar el enfoque de la misión de Naciones Unidas en el territorio y tomar como referencia el plan de autonomía presentado por Marruecos. Rusia argumentó que ese planteamiento podía imponer una solución unilateral y debilitar el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.
La votación también tuvo consecuencias para la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental, conocida como MINURSO. Al no existir un acuerdo para renovar su mandato, sus operaciones concluyeron después de 35 años de presencia en la región.
Rusia defendió mantener el referéndum como opción
Moscú presentó una propuesta alternativa para extender la misión hasta octubre de 2027 sin eliminar su vínculo con la celebración de un referéndum. Sin embargo, el texto obtuvo solamente tres votos a favor, uno en contra y 11 abstenciones, por lo que tampoco alcanzó el respaldo necesario.
El conflicto se remonta a 1975, cuando España abandonó el territorio. Marruecos controla actualmente la mayor parte del Sáhara Occidental, mientras que el Frente Polisario reclama su independencia y representa las aspiraciones de una parte importante de la población saharaui.
La MINURSO fue creada en 1991 para acompañar un alto el fuego y organizar una consulta en la que la población pudiera elegir entre la independencia y la integración con Marruecos. Ese referéndum nunca llegó a celebrarse debido a desacuerdos políticos y diferencias sobre quiénes tendrían derecho a votar.
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La ONU mantendrá sus esfuerzos diplomáticos
Aunque las operaciones de la MINURSO terminaron, Naciones Unidas aseguró que continuará respaldando el diálogo mediante su enviado personal, Staffan de Mistura. El objetivo será encontrar una solución pacífica, duradera y aceptable para las partes.
El veto ruso no resolvió el conflicto, pero volvió a colocar la autodeterminación saharaui en el debate mundial. El principal desafío será evitar una mayor tensión regional y construir un proceso que considere tanto la estabilidad política como los derechos y aspiraciones de la población del territorio.