Explorar el territorio desde la naturaleza revela un país distinto al de las postales turísticas. México reúne ecosistemas únicos que cruzan montañas, selvas, arrecifes, ríos y desiertos. Cada uno aporta un lenguaje propio al paisaje y conecta con tradiciones que no figuran en los mapas convencionales.
Las Barrancas del Cobre, en Chihuahua, forman un sistema de cañones más profundo que el del Colorado. Ahí, el tren Chepe une estaciones remotas con comunidades rarámuri que habitan la zona desde hace siglos. En Michoacán, el Paricutín aún muestra las cicatrices de su nacimiento repentino en 1943. La caminata entre lava petrificada conduce hasta la iglesia semienterrada de San Juan Parangaricutiro.
Del mismo modo, la Selva Lacandona en Chiapas alberga más de cien especies de mamíferos, entre ellas el jaguar, y sigue siendo territorio de comunidades mayas que operan modelos de ecoturismo responsable. En el sureste, la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an cubre 528 mil hectáreas de selva tropical, manglares, dunas y mar abierto, con presencia documentada de manatíes, cocodrilos y más de 300 especies de aves.
Este tema puede interesarte: Feria Nacional de la Birria en Jalisco: tradición y sabor en un solo lugar
Por otro lado, Yucatán conserva uno de los santuarios de flamencos más importantes del continente en Ría Celestún, donde cada temporada arriban miles de aves rosadas que colorean la costa. En el norte, la Bahía de Loreto se convierte en punto de encuentro entre ballenas, delfines y visitantes que apuestan por el turismo de bajo impacto en medio de un Área Natural Protegida.
México ocupa el cuarto lugar global en biodiversidad, con más de 200 mil especies registradas y 182 áreas naturales protegidas distribuidas en todo el país.