Herenciocracia: cuando el futuro depende más de tus padres que de tu salario
Herenciocracia: cuando el futuro depende más de tus padres que de tu salario

Herenciocracia: cuando el futuro depende más de tus padres que de tu salario

¿Y si hoy fuera más importante llevarse bien con tus padres que con tu jefe? Esa es la provocadora idea que plantea la historiadora británica Eliza Filby en su libro Inheritocracy, donde analiza cómo la riqueza acumulada por los baby boomers ha redefinido las oportunidades de las generaciones más jóvenes.

Para Filby, vivimos en una herenciocracia: una sociedad donde el acceso al “banco de mamá y papá” pesa más que el esfuerzo individual a la hora de comprar una casa, estudiar o alcanzar estabilidad financiera.

Herenciocracia vs. meritocracia

El término no es casual. Filby lo presenta como lo opuesto a la meritocracia, esa creencia de que el trabajo duro garantiza el éxito. De hecho, recuerda que el concepto de meritocracia nació en 1958 como una sátira del sociólogo Michael Young, pero con el tiempo se convirtió en un ideal incuestionable.

Durante décadas, especialmente en la posguerra, la educación universitaria fue vista como el camino seguro hacia una vida mejor.

Sin embargo, desde los años 90 ese modelo comenzó a mostrar grietas: más personas accedieron a la universidad, pero el sistema no pudo garantizar estabilidad para todos. El resultado fue una generación endeudada y con menos certezas económicas.

Según Filby, el problema no es solo económico, sino estructural.

Se promovió una única definición de éxito que es estudiar, titularse, conseguir empleo estable, esto en un mercado laboral que ya no ofrece las mismas garantías, y donde incluso la inteligencia artificial amenaza trabajos de oficina.

El banco de mamá y papá como red de seguridad

En este contexto, el apoyo familiar se ha convertido en un pilar clave. El llamado “banco de mamá y papá” describe cómo padres y abuelos ayudan a pagar estudios, alquileres, hipotecas o cuidado infantil. Tras la crisis financiera de 2008, mientras algunos bienes se abarataron, la vivienda, la educación y la salud se encarecieron.

Así, muchos jóvenes pueden costear gastos cotidianos, pero no los grandes hitos de la adultez sin ayuda familiar. Esto ha alimentado estereotipos como el del millennial que gasta en “tostadas de aguacate”, ignorando el contexto estructural detrás.

Filby subraya que esta solidaridad familiar ocurre en todos los niveles de ingreso: desde apoyo para una hipoteca hasta ofrecer techo y comida a hijos adultos. El problema es que no todas las familias pueden hacerlo. En una herenciocracia, el azar del nacimiento se vuelve decisivo.

El fenómeno también influye en las relaciones de pareja. Tras la crisis de 2008, el acceso a patrimonio familiar empezó a ser un factor determinante al formar pareja. Más de la mitad de la Generación Z considera la compatibilidad financiera clave en una relación.

Para la autora, el riesgo es mayor que el económico. Cuando una sociedad deja de creer que el esfuerzo basta para progresar, se resquebraja la promesa básica del contrato social. Hablar de herenciocracia, concluye, no es señalar “nepo babies”, sino cuestionar cómo se distribuyen hoy las oportunidades.

Con información de BBC. 

Entradas Relacionadas