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En las ciudades contemporáneas, los parques, centros culturales y plazas comerciales se han convertido en puntos esenciales de convivencia familiar, comparten expertos de Seguritech.
Sin embargo, alertan que dicho dinamismo urbano también plantea nuevos retos, por ejemplo: ¿cómo garantizar la seguridad de los niños y adolescentes en entornos cada vez más concurridos?
Desde la empresa mexicana líder en soluciones de misión crítica se promueve una reflexión cultural en torno a la prevención y el uso responsable de la tecnología como herramientas para proteger a los más pequeños.
Seguritech enfatiza que la seguridad infantil no debe entenderse como un acto reactivo, sino como una práctica cultural cotidiana.
La planeación anticipada —desde identificar puntos de encuentro hasta conocer las salidas de emergencia— fortalece la capacidad de respuesta de las familias ante imprevistos.
De acuerdo con los expertos de la firma de tecnología, al asistir a espacios públicos como parques o eventos masivos, es fundamental que los adultos responsables supervisen activamente a los menores y adopten medidas simples, como portar identificaciones visibles con datos de contacto.
La innovación tecnológica ocupa un papel clave en este panorama.
Seguritech impulsa el uso de dispositivos de geolocalización y aplicaciones móviles de seguimiento familiar que permiten monitorear la ubicación de los niños en tiempo real.
Dichas herramientas no buscan restringir su libertad, sino ofrecer tranquilidad y reacción inmediata ante cualquier eventualidad.
Otro eje central es la educación preventiva, en la cual Seguritech recomienda orientar a los menores sobre cómo actuar si se separan de sus cuidadores: desde reconocer al personal de seguridad hasta comunicarse con autoridades locales.
Actividades como establecer una palabra clave familiar o identificar zonas seguras refuerzan su autonomía y sentido de alerta.
La seguridad infantil, recuerdan expertos de la empresa mexicana, no recae solo en los padres o tutores, sino un esfuerzo colectivo que involucra a autoridades, comercios y comunidades.
Concebir la seguridad como un derecho y un deber compartido contribuye a construir entornos públicos más confiables y solidarios.
Así, la prevención se transforma en un valor cultural y social, donde la tecnología y la conciencia ciudadana convergen para proteger lo más valioso: la vida y bienestar de las nuevas generaciones.
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