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Las mareas que dieron vida a la civilización: el sorprendente origen acuático de Sumer

¿Y si la primera civilización del mundo no nació solo gracias al ingenio humano, sino también al vaivén del mar?

Una investigación reciente publicada en PLOS ONE propone una nueva y fascinante teoría sobre los orígenes de la civilización sumeria: las mareas del antiguo Golfo Pérsico fueron decisivas para su surgimiento.

El estudio, liderado por Liviu Giosan, del Instituto Oceanográfico Woods Hole, y Reed Goodman, de la Universidad de Clemson, revela que los ciclos naturales del agua crearon las condiciones perfectas para el desarrollo de las primeras ciudades del planeta.

Su trabajo, parte del Proyecto Arqueológico Lagash, reunió arqueólogos, geólogos y científicos ambientales para reconstruir cómo era el paisaje mesopotámico hace más de 7000 años.

Los investigadores descubrieron que el Golfo Pérsico llegaba mucho más tierra adentro y que, dos veces al día, las mareas empujaban agua dulce hacia los ríos Tigris y Éufrates.

Los primeros agricultores aprovecharon este flujo constante cavando canales naturales que les permitían regar cultivos sin grandes obras hidráulicas.

Así nació una economía estable y productiva que sentó las bases para el surgimiento de ciudades como Ur, Uruk y Lagash.

“Sumer fue construida literal y culturalmente sobre los ritmos del agua”, explicó Giosan.

Los sumerios no solo dependían del ciclo de las mareas para sobrevivir, sino que su cultura, mitología y religión reflejaban esa conexión: sus dioses del agua y mitos de inundaciones serían un eco de ese entorno cambiante.

Con el paso del tiempo, los sedimentos acumulados por los ríos bloquearon el acceso del mar y el equilibrio natural se rompió.

Para adaptarse, los sumerios desarrollaron sistemas de riego, canales y estructuras de gobierno centralizado, impulsando el nacimiento de los primeros Estados urbanos.

El origen de la civilización

Según la arqueóloga Holly Pittman, del Museo Penn, este cambio ambiental también trajo desigualdad y concentración de poder: “El rápido cambio del paisaje fomentó la aparición de élites que justificaron su autoridad al gestionar el agua y los recursos.”

El estudio no solo reescribe parte de la historia, sino que deja una lección moderna: las crisis ambientales pueden ser el detonante de grandes innovaciones.

Como concluye Giosan, “la historia real puede esconderse en los mitos… y comprenderla nos ayuda a ver cómo la naturaleza y la sociedad siempre han estado entrelazadas.”

Con información de La Brújula Verde.

Regina Yebra Domínguez

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