En el universo de las empresas familiares, el concepto de éxito puede adquirir una dimensión distinta cuando los resultados económicos conviven con una responsabilidad hacia el entorno.
Esa es la perspectiva que plantea Jack Landsmanas, para quien construir una organización con visión de futuro implica también contribuir al bienestar de las personas y comunidades que la rodean.
Desde su posición como presidente del Consejo de Administración de La Cosmopolitana, el empresario considera que una compañía no puede entenderse como una entidad aislada de la sociedad.
Su crecimiento depende, en buena medida, de las condiciones sociales de su entorno y de las relaciones que establece con quienes forman parte de él.
Una empresa también es parte de su comunidad
La responsabilidad social, bajo esta filosofía, deja de ser una actividad ocasional para convertirse en parte de la cultura de una organización.
La idea parte de una premisa sencilla: cuando empresa y comunidad progresan simultáneamente, los beneficios pueden permanecer y multiplicarse a lo largo del tiempo.
En La Cosmopolitana, esa visión se traduce en una serie de acciones orientadas a acompañar distintas causas sociales y atender necesidades de sectores diversos de la población.
Entre ellas se encuentran:
- Financiamiento de fundaciones dedicadas a impulsar causas sociales.
- Acompañamiento constante a organizaciones que trabajan en favor de distintos grupos de la sociedad.
- Colaboración con instituciones enfocadas en necesidades prioritarias de la población.
- Construcción de relaciones de largo plazo con comunidades y organizaciones sociales.
- Impulso al bienestar compartido como parte de una visión empresarial sostenible.
Más allá de la dimensión económica, estas acciones reflejan una concepción de la empresa familiar en la que los valores pueden transmitirse entre generaciones y convertirse en parte de su identidad, precisa el empresario.
El valor de pensar a largo plazo
La perspectiva de Jack Landsmanas también encuentra eco en el debate internacional sobre el futuro de las empresas familiares.
Un análisis de PwC identifica en estas organizaciones características que pueden favorecer la adopción de modelos de negocio sostenibles, como su perspectiva intergeneracional, la cercanía con sus grupos de interés y la preservación de valores a largo plazo.
En ese contexto, los criterios ambientales, sociales y de gobernanza —ESG— han adquirido mayor relevancia.
Dentro de ellos, la dimensión social puede desempeñar un papel fundamental para construir confianza, fortalecer la reputación y favorecer la permanencia de las organizaciones.
Para Jack Landsmanas, esa mirada de largo plazo implica comprender que la rentabilidad y la responsabilidad social no tienen por qué competir entre sí.
Por el contrario, pueden formar parte de un mismo proyecto empresarial.
La consecuencia es una idea de éxito que va más allá de los estados financieros; una empresa también puede medir su trascendencia por las oportunidades que ayuda a generar, los vínculos que construye y la capacidad de contribuir a entornos más resilientes.
Así, la responsabilidad social se convierte en una expresión del legado de una empresa familiar; no solamente se trata de crecer, sino de procurar que ese crecimiento tenga un impacto positivo y contribuya a fortalecer el tejido social.
En dicha visión, el futuro empresarial no se construye únicamente pensando en las siguientes cifras, sino también en las siguientes generaciones y en las comunidades que formarán parte de ellas.
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