El Everest ya no solo se conquista subiendo metros, ahora también se mide en kilómetros.
Una nueva tendencia en el alpinismo está cambiando las reglas del juego: llegar a la cima comenzando desde el nivel del mar, sin utilizar transporte motorizado.
Este enfoque, conocido como “sea to summit”, busca recuperar la esencia del desafío extremo en un contexto donde la tecnología y la logística han facilitado el acceso a la montaña más alta del planeta.
Everest: el reto comienza desde el mar
Mientras la mayoría de expediciones vuelan directamente al Campo Base, algunos alpinistas han decidido convertir todo el trayecto en parte del reto. Uno de ellos es el rumano Madalin Cristea, quien inició su travesía el 4 de marzo desde la costa de Digha, en la Bahía de Bengala.
Su objetivo es recorrer más de 3,000 kilómetros a pie hasta el Everest, cargando únicamente su equipo.
Incluso ha enfrentado dificultades como intoxicación alimentaria durante el camino, pero continúa con la meta de cruzar a Nepal en pocas semanas.
Cristea ya ha aplicado este método en montañas como el Aconcagua y el Kilimanjaro, y ahora busca completar las Siete Cumbres bajo esta exigente filosofía.
Un desafío físico y mental sin precedentes
Otro caso es el del australiano Oliver Foran, quien plantea completar el recorrido completo en solo 60 días.
Su plan incluye más de 1,100 kilómetros en bicicleta a través de India y Nepal, antes de continuar a pie hacia el Himalaya.
Esta tendencia retoma el legado de Tim Macartney-Snape, quien en 1990 fue el primero en lograr esta hazaña. Hoy, más de tres décadas después, una nueva generación de alpinistas busca devolver autenticidad al deporte.
En este nuevo enfoque, el viaje deja de ser un simple medio para llegar a la cima y se convierte en el verdadero reto. Porque en el Everest, ahora, la aventura comienza mucho antes de la montaña.
Con información de AS.