imagen tomada de lavozdequeretaro.com
En México, más de 7 millones de personas viven con alguna discapacidad, pero el acceso al deporte adaptado sigue siendo limitado. Aun así, existen disciplinas que, además de ser competencia, se han convertido en expresiones culturales de resistencia, identidad y comunidad. Una de ellas es el básquetbol sobre silla de ruedas, un deporte que exige estrategia, talento técnico, fortaleza mental y una resistencia física extraordinaria.
Pese a su relevancia, esta disciplina ha enfrentado durante años obstáculos estructurales, como la falta de apoyo institucional y de espacios adecuados para entrenar y competir.
Desde 2022, el básquetbol sobre silla de ruedas en México atraviesa una crisis sin precedentes tras la desaparición de su federación oficial.
Esta situación dejó a la selección nacional sin respaldo administrativo ni acceso a recursos públicos, afectando seriamente la continuidad y profesionalización de los entrenamientos.
Lejos de detenerse, jugadoras, jugadores y entrenadores decidieron reorganizarse desde las bases.
Así nació Wheelchair Basquetbol México A.C., una asociación civil creada por la propia comunidad del deporte adaptado, con el objetivo de mantener viva la representación de México en competencias internacionales y fortalecer el trabajo colectivo.
Gracias a este esfuerzo, el equipo nacional retomó entrenamientos y proyectó su participación en la IWBF Americas Cup 2025, el torneo continental más importante, que se realizará del 9 al 17 de agosto en Bogotá, Colombia.
Más allá de una competencia deportiva, la IWBF Americas Cup 2025 representa una lucha por el derecho a competir con dignidad.
La selección mexicana no solo busca resultados, sino visibilizar a los atletas con discapacidad que continúan siendo ignorados por las estructuras oficiales.
Ante la falta de apoyo gubernamental, Fundación Azteca y Banco Azteca se sumaron como aliados estratégicos a través de la iniciativa Apoyar Nos Toca. Su respaldo se tradujo en acciones directas y concretas: insumos para entrenamientos, así como mejores condiciones de traslado y concentración para el equipo, sin intermediarios ni burocracia.
Este apoyo no se entiende como caridad, sino como una expresión de responsabilidad social.
En un contexto donde las instituciones fallan, la colaboración entre comunidad y organizaciones comprometidas demuestra que el deporte adaptado también es cultura, justicia y una forma de construir un país más incluyente.
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