Hay sabores que anuncian la llegada de una de las temporadas más entrañables de México. El aroma de la flor de azahar, la textura suave de la miga y el toque de mantequilla convierten al pan de muerto en mucho más que un antojo de otoño. Cada año, su presencia en las panaderías acompaña una tradición que reúne a las familias, honra la memoria de quienes ya no están y mantiene vivos los rituales del Día de Muertos.
En la colonia Roma, Green Rhino se suma a esta celebración con una propuesta que apuesta por regresar a lo esencial. En lugar de experimentar con rellenos o coberturas fuera de lo habitual, la panadería decidió concentrarse en la receta clásica y dejar que sus ingredientes y su elaboración sean los protagonistas.
Una tradición que se transforma con el tiempo
La historia del pan de muerto está vinculada con el encuentro de distintas tradiciones culturales. Antes de la llegada de los españoles, los pueblos mesoamericanos realizaban ceremonias para honrar a sus difuntos y preparaban alimentos destinados a sus rituales. Con la colonización, estas prácticas se mezclaron con las celebraciones católicas y con nuevas técnicas de panadería, entre ellas las elaboraciones a base de trigo.
De ese intercambio surgieron costumbres que evolucionaron a lo largo de los siglos hasta dar forma a distintas expresiones del pan de muerto. Su apariencia también ha dado lugar a interpretaciones simbólicas: los huesos que decoran su superficie suelen asociarse con la muerte, mientras que la esfera central se interpreta como una representación del cráneo. Aunque los significados varían según las tradiciones y las regiones, estas lecturas forman parte de la manera en que se ha transmitido su historia.
La diversidad también se refleja en sus recetas. Hay panes cubiertos de azúcar, versiones con ajonjolí y preparaciones regionales con formas e ingredientes particulares. Cada una expresa una manera distinta de mantener viva la celebración.
El valor de dejar hablar a los ingredientes
Para Richard Hart, fundador de Green Rhino, honrar esta tradición significa prestar atención a la calidad de la elaboración, en lugar de transformar el pan para hacerlo más llamativo. “Simplemente hemos intentado hacerlo el mejor pan que se pueda para dejar brillar a la elaboración y los ingredientes”, explica.
La receta de este año incorpora agua de azahar, pinole, ralladura natural de mandarina y naranja, además de mantequilla artesanal y orgánica. Su fermentación utiliza masa madre en aproximadamente un 90%, como parte del proceso elegido por el equipo para desarrollar sus características de sabor y textura.
En Green Rhino, la apuesta por una receta tradicional no significa renunciar a la creatividad, sino reconocer que algunas preparaciones encuentran su fuerza precisamente en el equilibrio de sus ingredientes. En una temporada llena de novedades, volver a los sabores familiares también puede ser una forma de celebrar. Porque el pan de muerto no necesita reinventarse cada año para seguir teniendo un lugar especial en la mesa mexicana.
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