imagen tomada de cronista.com
Lo que empezó como una tarde cualquiera de exploración terminó en un hallazgo digno de museo. Un hombre en Leipzig, Alemania, se topó con una moneda celta de oro de más de 2,200 años de antigüedad mientras recorría un campo con su detector de metales.
Lo que no imaginaba es que estaba frente a uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo.
El hallazgo ocurrió en la localidad de Gundorf, en el estado de Sajonia.
Allí, el detector marcó algo inusual bajo tierra: una pequeña moneda, más chica que un céntimo de euro, pero con un brillo imposible de ignorar.
Su estado de conservación sorprendió a los expertos, que pronto confirmaron que se trataba de una auténtica pieza celta del siglo III a.C.
La moneda presenta un diseño único: en un lado puede verse la cabeza de un animal, posiblemente un ciervo, acompañada de una estrella redondeada y una esfera, símbolos característicos de las antiguas comunidades celtas del norte de Bohemia.
Este detalle sugiere que en aquella época ya existían intercambios comerciales y culturales entre los pueblos celtas y los habitantes de Sajonia, región que antes se consideraba fuera de su influencia.
Según la Oficina Estatal de Arqueología de Dresde, la moneda no era de uso común en transacciones.
En realidad, representaba el estatus de una persona o formaba parte de un depósito simbólico, probablemente perteneciente a un miembro de la élite local.
La arqueóloga Regina Smolnik explicó que el objeto ayuda a entender cómo las comunidades celtas influenciaron el comercio y la cultura en la región.
Por su parte, Barbara Klepsch, ministra de Cultura y Turismo de Sajonia, destacó que este tipo de descubrimientos “son fragmentos tangibles de nuestra historia” y una prueba del valor de la participación ciudadana en la preservación del patrimonio.
Hasta ahora, la moneda más antigua hallada en Sajonia era un quinario de plata romano encontrado en 2007, que databa del siglo I.
Este nuevo descubrimiento, sin embargo, retrocede el registro arqueológico un siglo más atrás, convirtiéndose en la moneda más antigua descubierta en la región.
Por su forma convexa, la moneda pertenece a un tipo de piezas conocidas en Alemania como “Regenbogenschüsselchen”, o “cuencos del arcoíris”.
Según una antigua leyenda, estas monedas aparecían en los lugares donde el arcoíris tocaba el suelo, como si cayeran del cielo tras la lluvia.
Hoy, gracias a la curiosidad de un ciudadano y a un detector de metales, un pedazo de esa leyenda se hizo realidad.
Y con él, un nuevo capítulo de la historia celta brilla —literalmente— bajo el sol de Sajonia.
Con información de El cronista.
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