Dandara Araújo sonríe en una oficina del Organismo Internacional de Energía Atómica
Una ingeniera nuclear que desafió el racismo y la desigualdad

Una ingeniera nuclear que desafió el racismo y la desigualdad

Dandara Araújo da Silva creció en São Gonçalo, en la periferia de Río de Janeiro, y hoy trabaja como ingeniera nuclear en el Organismo Internacional de Energía Atómica, con sede en Viena. Su trayectoria refleja el poder de la educación frente a la desigualdad.

Desde pequeña mostró facilidad para las matemáticas, aunque antes de elegir una profesión imaginó convertirse en veterinaria, detective, diplomática o abogada. Finalmente, el ejemplo de su padre, quien estudió Ingeniería Civil, la acercó a una carrera científica.

El camino estuvo marcado por el racismo, los prejuicios sociales y grandes dificultades económicas. Durante sus estudios en la Universidad Federal de Río de Janeiro debía tomar dos autobuses, cruzar un puente de 13 kilómetros y permanecer en la institución desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche para evitar el tráfico.

La educación abrió oportunidades fuera de Brasil

Dandara entendió que una beca era su principal posibilidad de estudiar en el extranjero. Cuando el programa brasileño Ciencia sin Fronteras comenzó a reducir sus oportunidades, decidió aprender francés por internet y buscar otras alternativas.

Su esfuerzo le permitió obtener una beca en Francia, donde continuó su formación y comenzó a trabajar. Después de adquirir la nacionalidad francesa, consiguió una plaza para jóvenes profesionales en organizaciones internacionales.

Esa oportunidad la llevó al OIEA, la institución internacional especializada en energía atómica. A sus 30 años, Dandara reconoce que sus padres, abuelas, profesores, mentoras y jefas fueron fundamentales para avanzar cuando el entorno parecía limitar sus posibilidades.

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Las mujeres continúan siendo minoría en la ciencia

La trayectoria de Dandara contrasta con una realidad mundial desigual. Aunque las mujeres tienen una fuerte presencia en las universidades, solamente el 35 por ciento de las estudiantes se gradúa en áreas científicas.

La participación es todavía menor en campos emergentes: las mujeres representan menos del 2 por ciento de las candidaturas laborales del sector cuántico y únicamente el 22 por ciento de los profesionales en inteligencia artificial.

Su historia demuestra que el talento necesita oportunidades, políticas educativas y personas dispuestas a acompañar. Para Dandara, los verdaderos héroes están en la vida cotidiana: son quienes ofrecen apoyo y motivación para que otros puedan crecer.

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