con imágenes tomadas de la red
La diversidad cultural de la región volvió a destacar en el escenario mundial. Este año, la Unesco reconoció 10 expresiones latinoamericanas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, celebrando la mezcla única de raíces indígenas, africanas y europeas que caracteriza a Latinoamérica.
El organismo explicó que estas prácticas reflejan identidad, memoria y tradiciones vivas transmitidas de generación en generación.
Durante la 20ª sesión del Comité Intergubernamental en Nueva Delhi, se evaluaron 67 candidaturas y 48 fueron seleccionadas.
Entre ellas, estas manifestaciones culturales del continente:
Con más de 80 años de historia, este género nacido en Córdoba sigue llenando salones de baile. Originado con instrumentos como piano, acordeón y violín, hoy incorpora ritmos afrolatinos y letras sobre la vida cotidiana. Para muchos argentinos, el cuarteto es alegría, identidad y fiesta popular.
Celebrados el 25 y 26 de diciembre, incluyen cantos, danzas e instrumentos tradicionales elaborados por la comunidad. El Bram se realiza casa por casa; el Sambai, en torno a una fogata, simboliza unidad y paz.
La mayor celebración de Sucre honra a la Virgen con procesiones, música, danzas y arte tradicional. Cada septiembre, miles de fieles acompañan la imagen en una fiesta que combina espiritualidad e identidad cultural.
Más de dos siglos de historia sostienen esta práctica donde familias viajan por el país compartiendo acrobacias, magia y humor. Cada circo conserva su propia identidad, pero todos comparten un fuerte sentido de pertenencia.
Símbolo musical de la isla, mezcla herencias africanas y españolas. Su diálogo entre sonero y coro, sus ritmos y la improvisación lo convierten en una expresión única que reúne canto, danza e instrumentos tradicionales.
Primera manifestación salvadoreña en ser reconocida por la Unesco. Se celebra en Panchimalco con procesiones de palmas decoradas, música, bailes y trajes típicos hechos a mano.
Con más de 180 años de historia, es la representación religiosa más grande del país. Cada Semana Santa, más de un millón de personas acuden a los ocho barrios para presenciar esta tradición comunitaria.
Esta técnica ancestral de levantar casas con barro, fibras naturales y madera fue incluida como patrimonio en riesgo. Su rescate busca proteger un saber comunitario que está desapareciendo frente a la industrialización.
Música y danza aymara que marca el fin de las lluvias y el inicio de la cosecha.
Los bailarines se mueven en círculos imitando aves andinas, una celebración que simboliza resistencia y orgullo ancestral.
Género musical y danza tradicional que mezcla influencias indígenas, africanas y europeas. Con arpa, cuatro y maracas, celebra historias cotidianas y festividades comunitarias.
Estas expresiones del Patrimonio Cultural Inmaterial confirman que la riqueza de Latinoamérica está viva, se mueve, se celebra y se comparte. Y ahora, también queda registrada para que el mundo la admire y las futuras generaciones la mantengan con orgullo.
Con información de CNN.
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