Culturas

Las momias más antiguas del mundo podrían ser arte nacido del duelo materno

Hace unos 7 mil años, en la costa norte de Chile, una comunidad de cazadores y recolectores realizó algo que cambiaría la historia de la humanidad: creó las primeras momias artificiales conocidas, llamadas las momias Chinchorro. No fueron faraones ni sacerdotes quienes impulsaron esta práctica, sino el dolor profundo de perder a un hijo.

La cultura Chinchorro, asentada en el desierto de Atacama, no dejó templos ni monumentos, pero sí un legado profundamente humano.

De acuerdo con un estudio publicado en el Cambridge Archaeological Journal por el bioantropólogo chileno Bernardo Arriaza, la momificación surgió como una respuesta emocional al duelo, especialmente ante la alta mortalidad infantil.

Momias Chinchorro fueron un acto de amor convertido en arte

A diferencia de otras culturas, los Chinchorro momificaban a todos sus muertos sin distinción: adultos, niños, bebés e incluso fetos.

Este trato igualitario sugiere que la intención no era religiosa ni política, sino afectiva.

El proceso era complejo: se retiraban órganos, se reconstruía el cuerpo con arcilla y fibras vegetales, se modelaban rostros y se añadían máscaras, pelucas y pigmentos rojos o negros.

El contexto explica mucho. La población estaba expuesta a altos niveles naturales de arsénico en el agua, lo que provocó abortos, malformaciones y una elevada mortalidad infantil. Frente a esta tragedia constante, la comunidad transformó la pérdida en permanencia: el cuerpo momificado mantenía presente al ser amado.

El cuerpo como memoria colectiva

El estudio plantea que esta práctica pudo funcionar como una especie de arteterapia prehistórica, una manera colectiva de canalizar el dolor. Incluso se ha identificado que los pigmentos usados, como el óxido de manganeso, eran tóxicos y pudieron afectar la salud de quienes elaboraban las momias, lo que refuerza la idea de un sacrificio emocional y físico.

Arriaza también sugiere que, en los primeros periodos, las mujeres (posiblemente madres) habrían liderado el proceso, especialmente cuando las momias eran mayoritariamente de niños.

Con el tiempo, la práctica evolucionó y adquirió un carácter más social, sin perder su raíz emocional.

Hoy, las momias Chinchorro no solo son un tesoro arqueológico, sino un recordatorio poderoso: desde los orígenes de la humanidad, el dolor, el amor y el arte han estado profundamente conectados.

Con información de Muy Interesante.

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