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Visitar el Gran Museo Egipcio (GEM) es enfrentarse a una experiencia monumental. Inaugurado el 1 de noviembre, este museo se ha convertido en el mayor espacio jamás construido para contar la historia del antiguo Egipto: 100 mil piezas repartidas en 500 mil metros cuadrados, una superficie que duplica la del Louvre.
Para no perderse en este océano faraónico, entender su diseño y su recorrido es clave.
El GEM fue diseñado por el estudio irlandés Heneghan Peng Architects con una idea clara: integrarse visual y simbólicamente con la meseta de Giza. Las formas triangulares y piramidales se repiten en la fachada, los pilares y los accesos, evocando constantemente las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino.
Visto desde el aire, el museo parece una pirámide deconstruida: un abanico triangular que asciende hacia Giza. Aunque no llega físicamente hasta ellas, desde los ventanales superiores ofrece una vista imponente de las pirámides.
El edificio funciona como una gran escalera que obliga al visitante a subir y bajar, marcando el ritmo de la visita.
El complejo principal cuenta con seis galerías ascendentes, además de un edificio independiente que alberga la Barca Solar de Keops.
A diferencia del antiguo Museo Egipcio de Tahrir, el GEM propone un recorrido más libre, donde las piezas aparecen casi por sorpresa en distintos espacios.
Aun así, la colección está organizada en cinco grandes bloques temáticos: el gran hall y la escalinata con las estatuas de Sesostris I; la Gran Escalinata; el edificio de la Barca Solar; las galerías del tesoro de Tutankhamon; y las 12 salas histórico-temáticas o Main Galleries. A esto se suman áreas para niños y una experiencia inmersiva con acceso independiente.
Antes de entrar, el visitante se encuentra con un obelisco de Ramsés II, suspendido sobre una estructura diseñada para protegerlo de las vibraciones del metro. Tallado en granito rosa de Asuán, permite observar el cartucho real del faraón en su base. Alrededor, el nombre de Egipto aparece escrito en múltiples idiomas como símbolo de su legado universal.
Dentro del hall principal, una estatua de Ramsés II y un estanque que representa el Océano Primordial dan la bienvenida.
A la izquierda, diez estatuas de Sesostris I, dispuestas sobre una escalinata, destacan por su simetría y por los detalles simbólicos de los tronos, que representan la unión del Alto y el Bajo Egipto.
Al cruzar el vestíbulo se accede al edificio de la Barca Solar de Keops, una nave de 43 metros hecha de cedro del Líbano y ensamblada sin clavos. Fue hallada desmontada en 1954 junto a la Gran Pirámide y reconstruida durante una década. Suspendida como si flotara, simboliza el viaje del faraón por el cielo.
La Gran Escalinata del museo no es solo un elemento arquitectónico: a través de 59 piezas explica cuatro grandes temas de la civilización egipcia, desde la imagen real hasta el viaje a la eternidad.
En lo alto, destaca el sarcófago de piedra de Tutmosis I, decorado con jeroglíficos y divinidades protectoras.
Desde la escalinata se accede a las galerías dedicadas a Tutankhamon, divididas en dos niveles.
El recorrido inicia con el descubrimiento de la tumba en 1922, continúa con objetos de la vida cotidiana del faraón y culmina con su icónica máscara funeraria, expuesta en un espacio casi vacío que enfatiza su mirada hipnótica.
Las 12 Main Galleries ofrecen una visión integral del Egipto faraónico, combinando un eje histórico y otro temático.
Desde la prehistoria hasta la época romana, las salas abordan creencias, poder, vida doméstica, tecnología y rituales funerarios, permitiendo un recorrido libre y no lineal.
Entre los grandes tesoros destacan el ajuar funerario de la reina Hetepheres, el ataúd policromado de Senbi, la escena escultórica de la gestación de Horus, la estatua del sacerdote Ramessesnakht y la colección de ostraca que revelan la vida cotidiana de escribas y artesanos.
También sobresalen las estatuas de Amenhotep hijo de Hapu, la reina-faraón Hatshepsut en actitud de ofrenda, la estela de la restauración de Tutankhamon y una pequeña cabeza de Alejandro Magno. Y, entre dioses y faraones, una diminuta escultura de una madre peinando a su hija recuerda que el antiguo Egipto también estuvo hecho de gestos simples y profundamente humanos.
El Gran Museo Egipcio no es solo un museo: es un viaje monumental por miles de años de historia, donde cada sala ofrece una nueva forma de mirar al pasado.
Con información de National Geographic.
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