imagen tomada de revistagq.com
En 1911, el Museo del Louvre vivió uno de los momentos más insólitos de su historia: la desaparición de la Mona Lisa. El director del museo, incrédulo, declaró que robarla sería como «llevarse las torres de Notre Dame».
Pero sí, alguien lo hizo… y la obra maestra de Leonardo da Vinci estuvo perdida durante más de dos años.
Ese “alguien” era Vincenzo Peruggia, un trabajador italiano del museo que conocía el cuadro mejor que nadie, pues había colaborado en la fabricación y montaje de su marco de seguridad.
Ese detalle, irónicamente, fue lo que le facilitó el robo.
Peruggia, originario de una modesta aldea italiana, llegó a París a principios del siglo XX para trabajar como pintor y técnico. En 1908 consiguió empleo con la empresa encargada de limpiar y resguardar cuadros del Louvre, lo que le dio acceso total al museo.
A las 7:00 de la mañana del 21 de agosto de 1911, aprovechando que era día de cierre, entró con su bata blanca de trabajo como si fuera un día cualquiera. Con total calma, descolgó la Mona Lisa, retiró su marco en una escalera de servicio y salió del museo… con el cuadro envuelto bajo el brazo.
Ni los guardias lo detuvieron, ni nadie sospechó. Tomó un autobús, luego un taxi, y llevó la pintura a su pequeño departamento, donde la escondió durante días.
El Louvre no se dio cuenta de la ausencia del famoso retrato hasta la mañana siguiente.
Comenzó una búsqueda masiva: revisaron el museo, interrogaron empleados y hasta detuvieron erróneamente a Pablo Picasso y Guillaume Apollinaire.
Mientras tanto, Peruggia mantenía el cuadro escondido primero con un amigo y luego bajo la mesa de su habitación.
Cuando lo interrogaron, nadie imaginó que la Mona Lisa estaba literalmente a centímetros de los oficiales que revisaban su casa.
Incluso viajó con el cuadro en un baúl de tren… rumbo a Italia, frente a toda la policía francesa.
En 1913, Peruggia contactó a un comerciante de arte en Florencia bajo el nombre “Monsieur Léonard”.
Quería vender la obra y asegurarse de que “regresara a Italia”.
El marchante acudió con un especialista de los Uffizi, verificaron que era auténtica y avisaron a las autoridades.
Peruggia fue detenido y la Mona Lisa recorrió Florencia, Roma y Milán antes de volver al Louvre, ahora más famosa que nunca.
Durante el juicio, Peruggia afirmó que robó la pintura para devolverla a Italia, convencido de que había sido saqueada por Napoleón.
Aunque esa versión era falsa pues el cuadro estaba en Francia desde 1625, la opinión pública italiana lo consideró un héroe.
Fue condenado, pero la pena fue muy leve.
Lo cierto es que también intentó vender la Mona Lisa, y en cartas a su familia hablaba de enriquecerse pronto, por lo que su motivación “patriótica” sigue siendo debatida.
Tras cumplir su breve pena, Peruggia volvió a Francia con otra identidad, formó una familia y vivió sin llamar la atención hasta su muerte en 1925.
Su fallecimiento pasó desapercibido y su nombre no salió a la luz nuevamente sino hasta décadas después.
Paradójicamente, el robo convirtió a la Mona Lisa en un ícono mundial.
Miles de personas visitaron el Louvre solo para ver el espacio vacío que dejó el cuadro… algo que contribuyó a su fama actual.
Así, el robo de la Mona Lisa no solo es una historia policial increíble, sino el momento que transformó para siempre a la obra más famosa del mundo.
Con información de La Brújula Verde.
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