A lo largo de la historia, algunas ciudades fueron el corazón del poder político, religioso o comercial de su tiempo. Sin embargo, pese a su enorme importancia, hoy nadie sabe con certeza dónde estuvieron. Gracias a textos antiguos y registros históricos, sabemos que existieron, pero sus ruinas siguen sin aparecer. Estas son cuatro ciudades perdidas del mundo antiguo que continúan siendo un misterio para la arqueología.
Akkad fue la capital del Imperio acadio, considerado el primer estado centralizado de la humanidad.
Fundada por Sargón el Grande alrededor del 2334 a.C., desde esta ciudad se gobernó gran parte de Mesopotamia. Los textos la describen como un centro político, comercial y religioso clave, con templos dedicados a dioses como Ishtar.
Aunque se cree que estuvo cerca de Kish y Babilonia, posiblemente en la actual zona de Bagdad, los cambios en el curso del río Tigris y el crecimiento urbano han impedido localizarla con exactitud. Hasta hoy, Akkad sigue sin aparecer.
Fundada hacia 1980 a.C. por el faraón Amenemhat I, Itjtawy fue la capital de Egipto durante más de cuatro siglos. Su nombre hacía referencia al dominio del faraón sobre las Dos Tierras.
Se piensa que estuvo cerca de la región de Fayún, próxima a importantes complejos funerarios reales. Aunque algunas investigaciones modernas apuntan a posibles asentamientos antiguos, la ubicación exacta de esta ciudad sigue siendo desconocida.
Irisaĝrig es una de las ciudades perdidas más enigmáticas. Se conoce gracias a tablillas cuneiformes de hace unos 4.000 años, muchas de las cuales aparecieron en el mercado negro tras la invasión de Irak en 2003.
Los textos hablan de palacios, rituales religiosos, un templo dedicado al dios Enki y hasta leones mantenidos con ganado.
Todo indica que fue un importante centro político y espiritual sumerio. Sin embargo, aunque se sabe que fue localizada y saqueada, su paradero exacto sigue siendo un misterio.
Thinis, también conocida como Tjenu, fue la capital de Egipto durante las primeras dinastías, alrededor del 3100 a.C. Desde allí habría gobernado el faraón Narmer, quien unificó el Alto y Bajo Egipto.
Se cree que estuvo cerca de Abidos, una región sagrada llena de tumbas reales.
A pesar de las referencias religiosas que la mencionan siglos después de su apogeo, los arqueólogos aún no han logrado encontrar sus restos.
Estas ciudades perdidas recuerdan que aún quedan enormes vacíos en nuestra comprensión del pasado.
Cada excavación y nuevo hallazgo mantiene viva la esperanza de que, algún día, estos antiguos centros de civilización vuelvan a salir a la luz.
Con información de National Geographic.
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