imagen tomada de elpais.com
Viajar siempre ha sido visto como una experiencia transformadora, pero en un contexto marcado por el turismo masivo y la autocrítica sobre su impacto social y ambiental, surge una nueva pregunta: ¿realmente viajar nos hace sentir mejor? Frente a este debate, especialistas citados por Condé Nast Traveler y organismos internacionales coinciden en una tendencia en alza: los viajes conscientes.
Este enfoque propone planificar experiencias más responsables, poniendo en el centro el bienestar emocional, la salud mental y el respeto por las comunidades locales.
La idea no es solo conocer nuevos destinos, sino hacerlo con empatía, apertura cultural y conciencia del impacto personal y colectivo.
De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los viajes también pueden generar estrés.
Cambios de horario, alteraciones en el sueño, alimentación irregular y la exposición a entornos desconocidos pueden detonar o intensificar síntomas de ansiedad y depresión, especialmente en personas con antecedentes.
Por ello, recomiendan preparación previa y estrategias de autocuidado.
Aun así, viajar tiene beneficios claros cuando se hace con la actitud adecuada.
La Clínica Mayo señala que el contacto con entornos naturales ayuda a reducir el estrés, mejora el estado de ánimo y favorece la claridad mental.
Incluso actividades simples al aire libre pueden tener un impacto positivo en la salud emocional.
El sociólogo Javier Arenas, consultado por Condé Nast Traveler, sostiene que los viajes pueden ampliar la mirada y fomentar la empatía cuando permiten convivir, aunque sea brevemente, con otras realidades.
Esta visión conecta con la célebre frase de Mark Twain, quien afirmaba que viajar combate los prejuicios y la intolerancia.
No obstante, el turismo actual también enfrenta críticas.
El sobreturismo ha provocado problemas como gentrificación, encarecimiento de la vivienda y pérdida de identidad cultural en destinos populares. Arenas advierte que incluso los viajes con fines solidarios pueden caer en actitudes paternalistas si se imponen valores externos a las comunidades locales.
Según los expertos, el reto está en evitar consumir los destinos como productos y en dejar de buscar que todo funcione como en casa.
Viajar de forma consciente implica observar, escuchar y adaptarse, no imponer expectativas ni convertir la experiencia en un simple escenario para redes sociales.
En ese equilibrio, los viajes conscientes se presentan como una alternativa para que viajar vuelva a ser una experiencia enriquecedora, capaz de reducir el estrés, fortalecer la salud mental y generar un impacto positivo tanto en quienes viajan como en los lugares que los reciben.
Con información de Infobae.
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