Anežka Kašpárková: la mujer que convirtió su pueblo en arte
Flores que pintaron un pueblo: la mujer que convirtió su comunidad en una obra de arte

Flores que pintaron un pueblo: la mujer que convirtió su comunidad en una obra de arte

En el pequeño pueblo de Louka, en la República Checa, las paredes blancas se transformaron durante décadas en lienzos llenos de flores azules gracias a una sola persona: Anežka Kašpárková.

Desde los 40 años y hasta poco antes de su muerte en 2018, la artista dedicó su tiempo a decorar casas, capillas y edificios del pueblo sin cobrar un solo peso.

Lo hacía por gusto, por tradición y por amor a su comunidad.

Anežka Kašpárková y el arte que nació del folclore

La historia comenzó en 1967, cuando Kašpárková, agricultora de oficio, decidió pintar el campanario del pueblo con motivos florales.

Su experiencia previa decorando huevos y artesanías la llevó a crear diseños inspirados en el folclore de Moravia, siempre en un característico azul ultramar.

El resultado encantó a los vecinos, quienes pronto comenzaron a pedirle que pintara también sus casas.

Año tras año, la artista creaba nuevos patrones imaginarios con flores que no existían en la naturaleza y llenaba de color el pueblo.

Nunca aceptó dinero; solo pedía la pintura necesaria para continuar su trabajo.

Un legado que sigue coloreando el pueblo

Durante décadas, Kašpárková transformó las fachadas blancas en una galería al aire libre.

Incluso a los 90 años seguía subiéndose a los andamios para renovar sus diseños y mantener viva la tradición.

Tras su fallecimiento, su sobrina Marie Jagošová asumió la tarea de preservar el legado familiar y cada año repinta la capilla y el campanario, manteniendo el espíritu artístico que convirtió al pueblo en un símbolo de identidad y cariño comunitario.

La historia de Kašpárková demuestra cómo el arte puede transformar un lugar, pero sobre todo, cómo la pasión de una sola persona puede dejar huella durante generaciones.

Con información de La Nación.

Entradas Relacionadas