Un descubrimiento en Brasil acaba de reescribir lo que sabíamos sobre los pterosaurios, los primeros vertebrados capaces de surcar los cielos hace más de 220 millones de años.
Un nuevo estudio publicado en Current Biology reveló que estos gigantes prehistóricos no heredaron un cerebro preparado para el vuelo como las aves, sino que desarrollaron sus propias estructuras neurológicas desde cero.
La clave estuvo en un pequeño fósil encontrado en São João do Polêsine, Rio Grande do Sul: Ixalerpeton, un antiguo pariente no volador de los pterosaurios.
Gracias a técnicas de imagen 3D, investigadores reconstruyeron y compararon cerebros de múltiples especies, descubriendo que los lagerpétidos (como este fósil), tenían cerebros simples, mientras que los pterosaurios evolucionaron regiones mucho más complejas.
Entre ellas destaca el flóculo, una parte del cerebelo encargada de estabilizar la visión y el movimiento.
En los pterosaurios era enorme, más que en cualquier otro reptil, probablemente porque sus alas de membrana eran tan sensibles al viento que enviaban grandes cantidades de información al cerebro.
Para volar con precisión, mantener estabilidad y enfocar la vista, necesitaban procesarlo todo con rapidez.
El estudio también aclara otro mito: volar no requiere un cerebro grande.
Los pterosaurios eran excelentes voladores con cerebros pequeños, mientras que las aves desarrollaron cerebros mayores por otras razones, como comportamientos sociales o aprendizaje, no por el vuelo en sí.
Este hallazgo no solo revela cómo estos animales dominaron los cielos, sino que muestra un camino evolutivo único y sorprendente: el de un “ordenador de vuelo” construido desde cero millones de años antes que las aves.
Con información de National Geographic.