La vida cotidiana en Myanmar continúa marcada por violencia, desplazamiento y escasez. Un nuevo informe de Naciones Unidas advierte que los derechos humanos alcanzaron otro mínimo, con la población rohinyá entre las comunidades más afectadas.
El documento analiza el periodo comprendido entre junio de 2025 y mayo de 2026. La ONU señala abusos sistemáticos contra los rohinyá atribuidos tanto al ejército de Myanmar como al Ejército de Arakan, que controla gran parte de Rakáin.
Derechos humanos bajo una creciente presión
Las denuncias incluyen asesinatos, tortura, detenciones arbitrarias, desplazamiento, reclutamiento y trabajos forzados. Además, Naciones Unidas documentó violencia sexual y confiscaciones de tierras en comunidades rohinyá del norte de Rakáin.
La población civil también enfrenta ataques aéreos, incendios y restricciones de ayuda. Asimismo, la ONU contabiliza al menos 8,075 civiles muertos por acciones militares desde 2021, aunque considera que la cifra real probablemente sea mayor.
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La crisis también golpea cultura y territorio
El deterioro alcanza los medios de subsistencia y espacios comunitarios. La Oficina de Derechos Humanos también reporta destrucción de aldeas y lugares religiosos y culturales, mientras millones de personas permanecen desplazadas dentro del país.
Por otro lado, la minería ilegal de tierras raras alimenta una creciente economía del conflicto. Esta actividad destruye territorios, contamina cursos de agua y agrava la vulnerabilidad de comunidades que ya enfrentan desplazamiento y falta de oportunidades; La dimensión humanitaria muestra la profundidad de la crisis. Naciones Unidas estima que 3.6 millones de personas están desplazadas internamente y 12.4 millones enfrentan hambre aguda en Myanmar.