Kiribati es uno de esos lugares que casi no aparecen en los mapas turísticos, pero que guarda una historia y una geografía únicas en el mundo.
Este pequeño país del océano Pacífico recibe apenas 9,500 turistas al año, lo que lo convierte en el menos visitado del planeta.
Está formado por 32 islas, de las cuales solo 20 están habitadas y su población ronda las 140 mil personas.
Aunque su territorio terrestre es reducido, con apenas 811 km², su dominio marítimo se extiende por cerca de 3.5 millones de km².
Pero lo más sorprendente es que Kiribati es el único país que se encuentra en los cuatro hemisferios: norte, sur, este y oeste.
Kiribati, un paraíso remoto y difícil de alcanzar
Llegar a Kiribati no es sencillo. El viaje puede superar las 24 horas en avión desde Europa, con escalas en ciudades como Los Ángeles, Hawái o Singapur. Además, no existen rutas marítimas comerciales que conecten el archipiélago con otros países.
El país cuenta solo con dos aeropuertos internacionales: uno en Tarawa, su capital, y otro en Kiritimati, el atolón más grande del mundo.
A pesar de sus playas de arena blanca y aguas turquesa, el gobierno ha optado por no fomentar el turismo masivo. La prioridad es conservar sus paisajes y su estilo de vida tradicional, donde muchas comunidades aún dependen de la pesca, los cocos y el árbol del pan.
Un territorio vulnerable ante el cambio climático
Detrás de su belleza natural, Kiribati enfrenta una realidad compleja. La mayoría de sus islas apenas supera los seis metros sobre el nivel del mar, lo que lo convierte en uno de los países más vulnerables al cambio climático.
Actualmente, el 81% de su población ya ha sufrido directamente los efectos del aumento del nivel del mar. Esto ha provocado inundaciones, pérdida de tierras y contaminación del agua potable.
Además, la concentración de población en Tarawa del Sur ha generado problemas de hacinamiento y acceso limitado a servicios básicos. A esto se suman retos de salud, con altas tasas de enfermedades como tuberculosis, diabetes y lepra.
Kiribati es, al mismo tiempo, un paraíso casi intacto y un recordatorio urgente de los desafíos globales. Un lugar que pocos visitan, pero que dice mucho sobre el futuro del planeta.
Con información de Infobae.