La comida no solo alimenta el cuerpo: también guarda recuerdos, tradiciones y formas de resistir al paso del tiempo. Eso es lo que demuestran las Ciudades Creativas de la Gastronomía de la Unesco, un reconocimiento que solo tienen 56 ciudades en todo el mundo y que celebra a los lugares donde el sabor es tan importante como la lengua o la arquitectura.
Desde desiertos abrasadores hasta regiones árticas, estas ciudades comparten una idea clara: la gastronomía es un patrimonio vivo, profundamente ligado a la tierra, a la historia y a las personas que la trabajan.
Ciudades Creativas de la Gastronomía: cuando comer es cultura
La Unesco otorga este título a ciudades que prueban que la comida está en el centro de su identidad. Para lograrlo, deben demostrar que sus ingredientes nacen del territorio, se comparten en mercados, se enseñan en escuelas, se transforman con creatividad y se respetan los ciclos de la naturaleza. Además, cada cuatro años se reevalúan para asegurar que la autenticidad siga intacta.
Estas son cuatro ciudades donde la gastronomía es memoria, resistencia y futuro.
Del desierto al Ártico: cuatro ciudades donde la comida cuenta quiénes somos
Tucson, Arizona (Estados Unidos)
En Tucson, el desierto de Sonora marca el ritmo de la cocina. Fue la primera ciudad estadounidense en recibir el título de Ciudad Creativa de la Gastronomía, gracias a la manera en que sus comunidades han conservado conocimientos ancestrales. El pan elaborado con trigo tradicional, los frijoles tépari, los frutos del cactus saguaro y los platillos de herencia indígena y mexicana reflejan una cocina resiliente, nacida del calor extremo y las lluvias del monzón.
Parma, Emilia-Romaña (Italia)
Parma es sinónimo de tradición y precisión culinaria. Reconocida por la Unesco en 2015, la ciudad no solo protege productos emblemáticos como el Parmigiano Reggiano y el Prosciutto di Parma, sino que también apuesta por la educación gastronómica. Aquí, la comida se enseña desde la infancia y se entiende como una herramienta para construir comunidades más sostenibles.
Battambang (Camboya)
En Battambang, cocinar es un acto de memoria. Tras décadas de pérdida cultural, la gastronomía se ha convertido en una forma silenciosa de reconstrucción. Hierbas aromáticas, recetas familiares y platillos tradicionales jemer conviven con ideas modernas. Desde 2023, esta ciudad forma parte de la red de la Unesco por su resiliencia y por usar el sabor como un puente entre generaciones.
Östersund (Suecia)
Cerca del círculo polar ártico, Östersund demuestra que la creatividad también florece en el frío. Reconocida desde 2010, su cocina se basa en la sostenibilidad y la conservación: fermentación, ahumado y secado permiten aprovechar al máximo los cortos veranos. Ingredientes como el reno, el salvelino ártico y las bayas silvestres son prueba de cómo el ingenio culinario puede adaptarse a climas extremos.
Estas cuatro ciudades confirman que la gastronomía no es solo lo que se sirve en un plato. Es identidad, es historia y es una manera de recordar quiénes somos… y hacia dónde queremos ir.
Con información de National Geogrphic.